Algo más que amor propio

Aisha Rashid decidió que solo se casaría con alguien que la amara más que a su propia vida y que pensara en ella por encima de todas las cosas.

Alguien que conociera hasta el último rincón de su cuerpo, que supiera leer el alma en sus ojos y anticiparse a sus deseos más ocultos, que bebiera el agua en su boca y fuera miel en sus labios. Alguien con quien bailar la lluvia y contar los surcos arados en la tierra y en la piel.

Alguien a quien le gustaran las mismas cosas, que disfrutara con la misma comida y que adorara los mismos lugares visitados.

Alguien que comprendiera sus silencios y amansara sus iras, que no la agobiara con reclamos constantes y supiera respetar su independencia, que la ayudara en todo sin pedir nada a cambio. Alguien que venerara hasta el rastro del perfume a su paso.

Alguien junto a quien envejecer día a día, que no la abandonara nunca ni le fuera infiel, que estuviera a su lado cuando cayera enferma, que llorara con ella en los momentos tristes y que con su voz hiciera el eco de su risa.

Y así fueron sucediéndose infinidad de amantes, uno tras otro. Morenos como el ébano de corazón albino, eunucos del amor disfrazados de poetas, jóvenes impacientes del “te quiero” prematuro, viudos indolentes perdidos en el pasado, fanáticos religiosos adictos a la mentira, pastores malolientes de manos sudorosas, médicos estresados de manicura fina, flacos abúlicos sin sangre en las venas, gordos anestesiados anémicos de sentimiento, extranjeros huidizos como humo en la niebla, filósofos mancos de la palabra eterna, viajantes de comercio sin destino preciso, granjeros mugrientos con sabor a leche agria, viejos desdentados sin testamento anímico…

Pasaron multitud de hombres bajo sus faldas largas. Muchos se enredaron entre sus sábanas blancas; algunos se quedaron más de una primavera; unos pocos le prometieron aburrimiento eterno y a todos les echó con el mismo desdén y la esperanza intacta.

Hasta que, tras años de candidatos rechazados y noviazgos rotos, de ilusiones desbaratadas y de noches vacías, finalmente encontró aquello que buscaba en una sola persona.

Y una mañana de agosto, a sus cuarenta y dos años, Aisha decidió dejar de esperar y casarse consigo misma.


2 comentaris on “Algo más que amor propio”

  1. paragrafies escrigué:

    Basat en fets reals… o com la realitat supera la ficció.😉

  2. paragrafies escrigué:

    Alguna cosa es mou a paragrafies…!!! Viscaaaaa!!!!🙂 abans de posar-ne una de nova, caldrà tancar la darrera de la pàgina…😉


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