Maigret sanglant et foie gras aux fines herbes

Siento el olor de las cloacas penetrar por los poros de mi piel, depositar su sedimento hediondo en mis fosas nasales, como los restos de carne putrefacta se enquistan entre los dientes y saben a podredumbre y a beso rancio, al cabo de los días.

Masticando la humedad espesa, con los ojos clavados en la instantánea del álbum, repaso el sabor de tus aullidos en mi boca mientras deslizo la lengua por las encías sangrantes. Recupero de nuevo pedazos de tu cuerpo, degustando músculos y cartílagos olvidados entre incisivos y molares.

Vuelve a mí tu recuerdo y pienso que, sin lugar a dudas, fuiste el más sabroso de mis banquetes venéreos, el filete con más delirio y apetito, devorado.

Lástima de las moscas sobre la sangre seca, del pelo hecho jirones enredado entre zarzas, de la postura imposible y la rigidez del cuello, de mis restos de piel entre tus uñas rotas, de la premura de cortes y el desorden de tripas, desparramadas y confusas sobre la hierba mojada, empapada de ti. Esta imagen no te hace justicia, porque el bocado fue exquisito.

En el futuro aprendí a cuidar mejor la presentación de mis platos, porque en la escuela me enseñaron que es algo sumamente importante en la cocina moderna, donde la comida nos entra, principalmente, por los ojos…

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De olvidos y pérdidas

Mateo Díaz era un hombre tan despistado que un día olvidó su corazón entre las sábanas de un burdel de carretera. Con el trasiego de músculos y tripas de ida y vuelta, con el revuelo de ropas y sudores, su órgano quedó abandonado en un rincón polvoriento, bajo una cama desvencijada y ruidosa.

Nadie lo encontró, ni lo echó en falta él en ninguna ocasión. Sólo su mujer, de vez en cuando, le insinuaba la pérdida: “Mateo, no tienes corazón”, le solía repetir. A lo cual, él hacía oídos sordos.

Y es que es bien sabido que nunca echamos en falta aquello que no usamos…


Caramels

Rosa de maduixa per les nenes, verd de menta pels nens. Grans i rodons, amb papers de colors lluents. Com abans. Els dits empastifats de caramel… les mans suades.
Tranquil. Tranquil·litza’t, tot anirà bé.
Són dos quarts de sis. Fa molta calor, massa. La camisa mullada, xopa de suor.
No hi ha pressa… Espera’t, espera el moment.
La butxaca tova, humida, llefiscosa. Els fils del folre barrejats amb la pasta dolça i flonja. Hauràs de rentar els pantalons a la bugaderia. T’ha quedat caramel a les ungles… és maduixa.
No, no els tastis. No són per a tu, són per a ells.

“1, 2, 3, 4… compto fins a deu i et surto a buscar!”